domingo, 20 de noviembre de 2016

El gran despropósito (Caso de Primaria)

O como convertir a un alumno en una persona asustada, triste y sin ninguna gana de asistir al colegio.
Este ejemplo es algo habitual en muchos centros, la desidia y dejadez de muchos "profesionales de la educación" lleva a situaciones como esta. En el caso práctico no se cuenta como termina la historia pero seguramente no será nada bueno.
Caso claro de acoso permitido por toda la sociedad educativa, compañeros, maestros y equipo directivo.  Una sola persona contra un grupo y el silencio del resto.
No se comenta en el vídeo pero se suele dar a menudo que las actuaciones de un líder negativo de una clase se dan por normales o se han acostumbrado a ellas. Entiendo que esto es lo que ocurre con esta tutora que no observa nada anómalo en el grupo de su clase. Por lo tanto considera que no ocurre nada extraño con Adrián, porque anteriormente habrán sido Manolito o Pepita (por ejemplo). Esas actuaciones las ha normalizado e integrado en la vida escolar diaria y no les da mayor importancia: juego entre niños.
Lo mismo ocurre con el jefe de estudios al que parece que todas las familias que van a preocuparse por el estado de sus hijos le molestan, diciendo que es una familia "muy pesada".
Actuaciones ambas erróneas tanto por uno como por otro. Tutora intentando obligar a los compañeros a que jueguen con este niño por que sí desde la educación física cuando por lo que nos dice el texto no es el punto fuerte de este niño y desde jefatura dando largas y avalando unas actuaciones incorrectas desde el aula.
No entiendo muy bien el punto de medidas disciplinarias si anteriormente no se ha puesto en marcha unas actuaciones de bienvenida para alumnos nuevos, para integrarlos en su grupo, dotarles de confianza para que estén bien, animar al resto a ayudar a estos alumnos nuevos y más en un sexto de primaria que sólo les queda un curso en el ese centro. Esto debería ser un requisito previo y no unas medida punitivas y sancionadoras.
Respecto al grupo acosador la permisividad por unas actuaciones repetidas y que se establecen en el tiempo y se entiende como normalizadas es lo que se debe modificar. Ahí si se puede poner en marcha un protocolo contra el acoso. El centro deberá tener muy claros los pasos para dar, pero estos serán inútiles si no dotamos al resto de compañeros de la seguridad de poder hablar desde la tranquilidad y no desde el chivateo y que van a ser escuchados, cosa que en este ejemplo se ve claramente que no va a ser así pues la tónica general es el no darle mayor importancia a nada. Cuando los alumnos/as se encuentran con maestros y jefes de estudios así lo intentan un par de veces y luego desisten pues observan que lo que dicen no va a ningún lado. Es mejor mirar a otro lado, dando mayor fuerza al grupo de acosadores. Los menores deben apoyarse en los adultos y tener la seguridad y confianza de que sus explicaciones van a ser escuchadas y lo más importante algo va a ocurrir al respecto.
Desmontar todo este sistema no es fácil pero tampoco es imposible.



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